Un estudio reciente, publicado en la revista npj Women’s Health, ha encontrado que la actividad física diaria en mujeres muestra una correlación con las fluctuaciones de estradiol a lo largo del ciclo menstrual. Investigadores analizaron datos obtenidos mediante sensores portátiles en un grupo de 26 mujeres jóvenes y saludables sin anticonceptivos hormonales, midiendo el gasto energético activo a partir de un dispositivo colocado en la pierna. Estos resultados se compararon con datos hormonales obtenidos en estudios previos de mujeres eumenorreicas. Los hallazgos indicaron que la actividad física tiende a aumentar tras un incremento en estradiol y disminuir después de su caída, especialmente en un periodo de 10 días alrededor de la ovulación, momento de mayores variaciones hormonales. Por otro lado, la relación con progesterona fue débil y negativa sin retraso temporal. Estos patrones sugieren que los cambios en estradiol podrían anticipar variaciones en el movimiento diario. El estudio no evaluó simultáneamente hormonas y actividad en las mismas participantes ni contempló factores como síntomas menstruales o hábitos de vida, por lo que se requieren investigaciones posteriores que incluyan medidas hormonales y de actividad sincronizadas en el mismo grupo. Estos resultados abren la puerta a utilizar datos de dispositivos portátiles para complementar el monitoreo de la fisiología del ciclo menstrual y aportar información útil para entender problemas clínicos relacionados con alteraciones hormonales, como la menopausia o el síndrome de ovario poliquístico. No obstante, las limitaciones del estudio, como el pequeño tamaño muestral, el uso de diferentes cohortes para actividad y hormonas, y la falta de mediciones individuales de progesterona, restringen la generalización de los hallazgos y la aplicación individualizada.