El daño renal agudo (DRA) continúa siendo una complicación prevalente y de gran impacto en pacientes críticos, afectando a casi la mitad de los ingresados en unidades de cuidados intensivos (UCI). Esta condición está vinculada a estancias hospitalarias prolongadas, costos elevados, deterioro renal a largo plazo y mayor mortalidad. Durante la última década, los avances en nefrología crítica y la directriz KDIGO han consolidado evidencia sobre estrategias preventivas estructuradas para disminuir la incidencia y la severidad de DRA. Sin embargo, la aplicación constante de estas prácticas basadas en la evidencia en la práctica clínica cotidiana no estaba clara.
La encuesta AKI-PURIFY, respaldada por la Sociedad Europea de Medicina Intensiva (ESICM) y realizada entre febrero y abril de 2024, recogió datos de 703 profesionales sanitarios que atienden UCIs de diversas especialidades y regiones. El objetivo fue evaluar la implementación real de las guías en cuatro áreas clave: diagnóstico de DRA, medidas preventivas recomendadas por KDIGO, prácticas de terapia de reemplazo renal y barreras educativas u organizativas.
Los datos evidenciaron heterogeneidad significativa y brechas en la adopción de estrategias preventivas, donde solo un tercio de los encuestados implementaba rutinariamente los protocolos KDIGO, incluso cuando ensayos recientes como BigpAK-2 demostraron que dichas estrategias, especialmente las guiadas por biomarcadores, reducen el DRA moderado a severo sin incrementar eventos adversos. El uso de biomarcadores avanzados para diagnóstico fue limitado, predominando el análisis tradicional de orina en entornos de menor ingreso y en UCIs pediátricas. La utilización de estos métodos estaba asociada con la experiencia clínica y la formación.
Se identificaron barreras educativas y organizativas críticas que influyen en la baja adopción de medidas preventivas: formación clínica insuficiente, falta de sistemas de auditoría en UCI y dificultades en el manejo del balance hídrico. Además, las diferencias según el nivel socioeconómico de los países reflejan inequidades que afectan la infraestructura y recursos disponibles para la prevención eficaz del DRA.
Estos hallazgos subrayan que, para mejorar el manejo y prevenir el daño renal agudo en UCIs a nivel global, es necesario implementar acciones coordinadas que incluyan educación continuada, soporte institucional, auditorías periódicas y colaboración interdisciplinaria. La progresión en la ciencia debe ir acompañada de esfuerzos para garantizar la aplicación equitativa y sostenible de las recomendaciones clínicas en diversos contextos de atención médica.